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TALK WITH BLANCA ARIAS


BOLLIAMOR: Devenires y vulnerabilidad.

03.04.20 - 18h
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(03.04.20)



BOLLIAMOR: devenires y vulnerabilidad


Antes de empezar querría advertir que me he tomado dos licencias al escribir este texto. En primer lugar, me permito compartir este espacio de reflexión con vosotras presuponiéndonos una complicidad afectivo-teórica en la que sumergirnos juntas. Hablo, entonces, desde esta ciénaga de lo común que no existe en las olas sino en acumulaciones de estratos transespecie. Hablo desde esta ficción-aguaespejo alucinatoria en la que nos reflejamos juntas, reproduciéndonos y produciéndonos a nosotras mismas y a nuestros múltiples aconteceres. En segundo lugar, me propongo un optimismo quizás permisivo aunque creo que paliativo. Me concedo, de una vez, el reclamo de lo crítico como vía de celebración y no como dispositivo punitivo, en algo que empiezo a entender como un intento desesperado de alejarme de las dinámicas dialécticas que bañan los discursos de belicosidad machirula.

No sé si estoy segura de qué vengo a contar, pero sé desde dónde. Hablo desde esta habitación, que ya no sé si es mía, y no hablo sola. Mi saliva bollera es la de mis amantes y la de las amantes de mis amantes. Hablo con ellas, desde ellas, a través de ellas y para ellas. Un ellas que sois, por qué no, vosotras. Esta conversación linfática que quiero iniciar hoy no es una charla sino una carta de amor. Un poema infinito para todas las bolliamantes que han amado o han sido amadas o aman o son amadas o amarán o serán amadas. Un ciberconjuro horizontal que funcione como abrazo de todas las prácticas amatorias contra- normativas en esta experiencia simbiótica y abierta del devenir- bollera.

Invoco a todas las bollos sin excepción, las del más allá y las del más acá, para realizar un hechizo colectivo de desidentificación; un embrujo de la cisheteronorma y la lesbonorma que abra fisuras para nosotras, las bolliamorosas. Esta cosmogonía por-venir no pretende otra cosa que la (re)politización de las existencias bolleras, que tejemos en red con el afán de formar parte de un nosotras inaprensible pero acogedor. Así, la fórmula mágica de este encantamiento no empieza aquí y ahora, sino que forma parte de inagotables continuums ancestrales y anti-genealógicos de multiplicidades subversivas; tan cerca de las brujas medievales (cuyos bollisaberes fueron truncados por las estrategias extractivistas coloniales, patriarcales y capitalistas) como de The L Word (que, por supuesto, ha necesitado una revisión exhaustiva por todas las problemáticas que la atraviesan).

Este ritual navega por tres estados liminales que constituyen lo que llamaremos el vivir-bollera: el devenir-vulnerable, el devenir- disidente y el devenir-amante.

1) ESTADO PRIMERO: devenir-vulnerable


Entiendo por vulnerabilidad el abrir la puerta a la posibilidad de la herida y de su misma sanación, el conceder un espacio a la exposición hacia lo que aparentemente no es lo uno. La bollera no es, entonces, dueña de dicha geografía (ni de ninguna otra), pues esta es tomada por una aletoriedad consentida. Devenir-vulnerable abraza la fragilidad.

Este proceso, por simbiótico, implica un cuestionamiento del borde. Al desvanecerse las fronteras del yo -sólido e inescrutable-, el devenir-vulnerable funciona como rito iniciático de un tránsito eterno por los intersticios de lo vivible. Con suerte, este acontecer conduce a la imposibilidad ética de perpetuar las estrategias de identificación del sujeto, negando el excepcionalismo y el dualismo ontológico, para consigo misma y para con las demás bolleras (si es que existen fuera de sí). Devenir-vulnerable abraza la multiplicidad. El dejarse afectar por la otra o las otras, no obstante, debe ser recíproco para reconocerse en este enunciado mágico. La vulnerabilidad entre bolleras no puede significarse en términos de desequilibrio. Esto es, las bollirelaciones no se articulan a partir de la diferencia porque conocen sus estrategias jerarquizantes. Devenir-vulnerable abraza la horizontalidad y la fluidez.

Este acuerdo de apertura de y a la debilidad entre bolleras debe ser un acto voluntario y pactado. Existir en una situación de vulnerabilidad no opcional o, lo que es lo mismo, encontrarse estructuralmente expuesta a la fragilidad sin posibilidad de retorno es violencia institucional. Devenir-vulnerable abraza la elección.

Resituar la vulnerabilidad en el centro de nuestras prácticas bolleras significa poner en el centro los cuidados, reconocernos insuficientes y, por tanto, dependientes. Las bollivulnerabilidades son caminos de acompañamiento en una cartografía transfronteriza de gestiones colectivas del malestar. Devenir-vulnerable abraza la interdependencia.


2 ESTADO SEGUNDO: devenir-disidente


Recogiendo el anterior estado liminal, la revelación de nuestras carencias únicamente puede suceder en conexiones honestas y transversales, considerando que solamente atendiendo a las necesidades de todas nosotras podemos aspirar al cambio. Comprendemos así que tan solo en el akelarre -y no perreando solas- se produce un verdadero desplazamiento de la frontera de lo personal a lo colectivo. En las políticas bolleras, la cooperación y el apoyo aparecen, de este modo, como vías deseables para la resistencia. Devenir-disidente abraza la comunidad.

En esta dirección, no solamente es preciso desechar el ideal de autosuficiencia y/o independencia, sino también cuestionar el discurso del empoderamiento femenino. Seguir utilizando estos recursos retóricos conlleva seguir hablando la lengua del orden neoliberal. La absorción por parte de la triple alianza de poderes colonial- patriarcal-capitalista de las narrativas bollifeministas debe ser problematizada. Devenir-disidente abraza la anarquía.

De este mismo modo, puede plantearse el anhelo tentador de querernos dentro de sistemas representacionales dominantes, pero colarnos en los mecanismos del mainstream con relatos bolleros contra-hegemónicos puede funcionar como arma de doble filo. Si bien puede servir como estrategia de hackeo o como lugar de encuentro con otras bolleras (en potencia o en acto), también podemos ser partícipes del engaño de la representación. Con esto, me refiero a las trampas de la respetabilidad representativa, cuyas posibilidades de cubrir las carencias estructurales y materiales son limitadas. Devenir-disidente abraza la clandestinidad.

Las autodenominadas bolleras somos conscientes del potencial del nombramiento, aunque también lo somos de la corruptibilidad de las políticas identitarias. Hacer micropolíticas de la ubicación nos recuerda que nuestros saberes son siempre situados y parciales, pero no nos impide hablar de un “nosotras”. A su vez, esto no implica un compromiso con ningún régimen estético-simbólico. Lejos de los discursos esencialistas, las bolleras no somos mujeres que hacen el amor con otras mujeres. Devenir-disidente abraza la ilegibilidad.

3 ESTADO TERCERO: devenir-amante


Este último estado del acontecer procura la sincronización de los planos amatorio-espirituales de las bolleras por-venir. Del mismo modo que reconocemos la artificialidad de los procesos de constitución de las ficciones somatopolíticas binarias, que ponen en juego los diversos entramados de biopoder, reconocemos que el horizonte de lo amable y de los modos de amar también está instalado en una serie de relaciones construidas. El amor escapa lo estable, lo neutro y lo clínico, por ello, rehuye su naturalización para la contemplación y el uso cisheteromasculino. Devenir-amante abraza lo quimérico.

Un intercambio de cariño bollero siempre es una negociación desde la reciprocidad (respetuosa y consensuada) que no espera nada más que la participación desinteresada en esferas sensitivo- epistémicas y la fusión de las mismas en zonas de cuidados comunes. Así, ese nosotras- deseantes se funda en el sentimiento de pertenecer a un lugar -mutable- que puede llamarse casa. Devenir-amante abraza la ternura.

En este proceso de deslocalización y/o relocalización del hogar, la bollera cree en su compañera o compañeras y en las constelaciones que las atraviesan. La espera y el azar poseen un cargo esencial en las bollitransformaciones, ya que se asume que el proceso que nos envuelve no es lineal ni teleológico. Devenir-amante abraza la confianza.
Así pues, el amor entre bolleras supone un compromiso flexible, no administrativo o legal (ya que no pacta en términos de posesión o pertenencia) sino emocional y emojional, con la finalidad de evitar un acercamiento a la otra o las otras como materia desechable. No obstante, por la maleabilidad de su naturaleza, sería de extrañar que se sucediesen dos acuerdos simétricos, puesto que cada bollirelación es un rizoma formado por diversos y variados nudos. Devenir-amante abraza la responsabilidad afectiva mutua.


4


Como toda escritura bollera, este bollihechizo estará siempre inacabado. Estas ficciones temporales a las que me vengo refiriendo son, pues, perturbables en tanto que son experiencias provisionales, intercambiables y acumulables. Tan pronto como acaba el conjuro, este debe ser reejecutado y cuestionado de principio a fin y de fin a principio, ya que esta fórmula mágica no se trata de una receta impenetrable sino de algunos de los infinitos tránsitos por el vivir-bollera. No es tanto un espacio de entrada y salida, de promesa y abandono, sino un cruce, una invitación a habitar eternamente la liminalidad. Aun así, no es tampoco un ejercicio de trascendencia del cuerpo bollero sino de politización y poetización del mismo como marca geográfica más cercana. Un reclamo de lo cutáneo como lugar de la tactilidad y la caricia.

P. D: Este encantamiento ha recogido, especialmente, los efectos y afectos bolleros de edu (la bollera de mi vida) y de gemma. También los de Elo, Isa, Àgata, Pinus, Gina y Clara. Incuestionablemente, también los de Ana, Inca, Irene, Laura, Marc, Marina, Miriam, Rosana y Víctor. Los de Adrienne Rich, Annie Sprinkle, Audre Lorde, bell hooks, fannie sosa, Itziar Ziga, Judith Butler, Maja Malou, Monique Wittig, Paul Beatriz Preciado, valeria flores o virgina cano. Pero también los de todas las que no puedo nombrar y, en cambio, puedo sentir cerca todo el tiempo. Vosotras sois mis amantes.


¿Quién eres? 


Ahora me encuentro a menudo con el problema de la esencia, pero creo en la necesidad de (auto)nombrarnos, así que me pienso bollera y escorpio. Lo que me atraviesa todo el tiempo es una relación casi obsesiva con la feminidad y la frontera, con las que diálogo a través de prácticas encarnadas, visuales, escritas y habladas.

︎ INSTAGRAM @BLANCA4RIAS


¿Cómo te está afectando esta crisis?


Escribí sobre ello en Instagram hace poco, pero en resumen: pienso más en cómo nos estamos afectando en común y en el contagio.

En cómo entendernos en relación al virus y en qué podemos hacer para que las vidas de todxs sean más vivibles a partir de gestiones políticas del malestar.
 

Dime tu track favorito del momento.


Chica de Bonitx, pero no está publicado todavía, así que Losing You de Solange:


LINK ︎ https://open.spotify.com/album/3hZvMcitlooQEsZOvGXKON




Recomiéndanos algo más.


Portrait de la jeune fille en feu de Céline Sciamma y The Uses of the Erotic de Audre Lorde (old but gold).

Mark